Dos accidentes determinantes: la cañada y el río, entre ellos se extendía una planicie ondulada de tierras de pan llevar y de pastoreo. A orillas de la Cañada se había concretado el asentamiento de Morón dos siglos antes. Cruzando el río un puente, el de Márquez, sustentado sobre fuertes puntales de lapacho sobrevivió hasta 1936. A la vera del río en tierras hoy de los Braun Menéndez, la posta.
Sobre el
origen de Morón y del Puente hay datos confusos: en Morón se molía el trigo de
los sembrados aledaños y por el puente pasaba el nuevo itinerario de postas,
desde Buenos Aires a Mendoza, Jujuy, Córdoba y Santa Fe. Las distancias en
leguas eran:
De Buenos
Aires a Puente Márquez: 7
A la villa
de Luján: 16
A Mendoza:
312.
Datos del
Calendario para 1833. Buenos Aires, Imprenta del Estado.
Retomando
el hilo del asunto que nos ocupa, conviene recordar que en 1869 el Ferrocarril
Oeste llegaba a Chivilcoy, sirviendo de ariete a la campaña del desierto. Que
el vado sobre el río Las Conchas en la estancia Paso del Rey de Amancio
Alcorta, hacía años que había sido salvado y que en 1872 estaba en ejecución el
tendido de la segunda vía del Ferrocarril Oeste hasta Moreno.
Ahora en
1872 se barajó a nivel de autoridades del ferrocarril ubicar una estación o
apeadero entre las estaciones Morón y Merlo. Se había superado, ya en ese
tiempo, el lento crecimiento de las comunidades y se había invertido su
evolución. Reinaba el axioma de Alberdi “gobernar es poblar”, las autoridades
determinaban los asentamientos y la población vendría después, para eso llegaba
por oleadas al puerto de Buenos Aires.
Despojándonos
de todo lirismo podemos afirmar que el origen de nuestro pueblo fue el producto
de una buena operación inmobiliaria, eran tiempos de crecimiento, en los cuales
no se descarta la intervención de alguna mano influyente. Demuestra lo
expresado la falta de justificativo de la anulación de la resolución del
directorio del F.C.O. que autoriza el 13 de marzo de 1872 a establecer la
estación en los terrenos del señor Juan Coquet, aledaños a los que después se
utilizaron.
El 24 de
octubre de 1872, don Manuel Rodríguez o Rodríguez Fragio, obtiene del
gobernador de la Provincia de Buenos Aires, la autorización para fundar el
pueblo de Santa Rosa en terrenos de su propiedad, a 25 cuadras de Morón y a 27
de Merlo. Estas tierras las había obtenido su esposa mediante un juicio de
reivindicación –en el que se reclamaba mayor superficie- en razón de una merced
real de un antepasado.
El plano
original del pueblo fue ejecutado por el más nombrado topógrafo de la época,
don Pedro Benoit, que posteriormente planificó la ciudad de La Plata. Su
original probablemente extraviado no figura en el catálogo general de mensuras
de la provincia de Buenos Aires, publicación del archivo de la Dirección de Geodesia,
Catastro y Tierras, La Plata, 1945. Poseo una copia hallada en el archivo de mi
tío abuelo Alberto Rovero que se hallaba entre las actuaciones que en 1929
efectuaba la Unión Vecinal de Ituzaingó ante el Intendente de Morón don Eduardo
Bonora, para obtener la escrituración de los terrenos que ocuparían la Iglesia
y una Biblioteca Pública.
El plano de
marras contemplaba la ubicación de edificios públicos, plaza, estación y cuatro
manzanas para un asilo de huérfanos. Sorprende y más adelante se explica, la
celeridad con que actuó el F.C.O., para construir la estación (escasos dos
meses) y disponer su habilitación al público para el 4 de enero de 1873.
La estación
quedó sola en medio de la lomada, que con sus treinta metros de altura sobre el
nivel del mar era la mayor de los alrededores de Buenos Aires. La magnitud
sirvió para que algún rematador ofreciese vender 200 lotes en la misma cumbre
del Chimborazo. Sirvió además en el futuro como terapéutica de enfermedades
pulmonares.
Por un año
no existió actividad, no había pasajeros ni cargas y la estación permaneció
clausurada. Nos preguntamos por qué tanta premura en construirla.
Ocurre que
don Manuel Rodríguez o Manuel Rodríguez Fragio, el español o portugués fundador
del pueblo, había enajenado su propiedad en favor del doctor Nicolás
Avellaneda, de don Palemón Huergo y de don Teodoro Mora. Esta operación se
formalizó mediante escritura el 2 de enero de 1874, dos días antes de la
realización del remate inaugural. Esto último denota que la negociación provenía
de antiguo. La suma pagada fue de 1.005.000 pesos fuertes por las 67 manzanas
en que había transformado las 60 primitivas el agrimensor don Juan Dillon (h),
que ahora se había hecho cargo del amojonamiento.
Para
nuestro orgullo podemos proclamar que tenemos próceres hasta en las raíces.
Nicolás Avellaneda era por entonces ministro de Instrucción Pública de
Sarmiento y luego sería presidente de la República, Palemón Huergo, presidente
del F.C.O. era hermano de Luis A. Huergo, primer ingeniero graduado en la
Universidad de Buenos Aires y a Pedro Benoit, el delineador, se le atribuye ser
nieto de Luis XVI de Francia.
El primer
remate lo realizó Adolfo Bullrich el 4 de enero de 1874 y fue anunciado con
gran despliegue en el diario La Prensa del 1° de enero. En su primera página
insertaba la memoria del F.C.O. en la que constaba la habilitación de la doble
vía entre Buenos Aires y Moreno y en la tercera publicaba todo a lo ancho el
anuncio del “remate de los remates” por Adolfo Bullrich y Cía., sobre la nueva
estación de Ituzaingó. Ya se había desvanecido el nombre de Santa Rosa. Ese día
se inauguró la estación en la que a partir de las 12 hs. paraban todos los
trenes. De ahí en más los remates se sucedieron y fueron fraccionadas todas las
tierras aledañas.
El pueblo
iría creciendo lentamente. Por noticias que me llegaron de mi abuelo Santiago
Rovero que en 1884, a los 15 años era telegrafista en la estación, me enteré
que por las noches volvía a su casa de Buenos Aires a caballo en compañía de
los lecheros y cuando no, pernoctaba en un parador de los alrededores de Puente
Márquez, ¿sería la vieja posta de los Jurado?
La pulpería
de la barrera 80, alegoría que se exhibe en uno de los muros del Centro
Cultural, existió solo en la imaginación de quien la modeló. El paradero de
tropas que sí existió se llamaba La Lechuza y después de transformarse en el
tambo de López fue demolido en 1946. Se
hallaba ubicada en la encrucijada de las calles Blas Parera y Firpo, camino y
parada obligada de las tropas de hacienda vacuna que llegando por la Gauna,
seguían por la calle a Puente Márquez (hoy avenida Ratti), cruzaban las vías y
se encauzaban por callejones hasta llegar al Camino Real de Tropas de Morón,
que las llevaba a La Tablada o a Lobos.
Era propietario de la pulpería un vasco apellidado Aguerrebere.
A partir de
principios de siglo, si usáramos un esquemático conjunto de círculos
concéntricos para representar al pueblo, el del centro correspondería a la
estación, a los negocios de proveedores y de artesanos y a las casas de los
habitantes que dependían del tren para llegar a sus ocupaciones, eran los
residentes permanentes; el segundo círculo correspondía a las quintas de
veraneo, mayores a medida que se alejaban de la estación; el tercer círculo
correspondía a las quintas de verdura y a los hornos de ladrillos y por último,
en el cuarto, que correspondía a la periferia, se hallaban los haras, los
campos de polo y las estancias. Estimo manifestar que una buena parte de los
datos anotados fueron recopilados en un informe sobre el centenario de la
inauguración de la estación de Ituzaingó publicado en 1974 por don Juan León
Guercio, viejo funcionario de la oficina de tierras del F.C.O. y antiguo
vecino.
Por temor a
omisiones no me voy a referir a las personas destacadas que vivieron o pasaron
por Ituzaingó, ni a otras, no tan nombradas, que mucho hicieron por nuestra
comunidad. Un párroco golondrina, en su afán progresista, borró de los bancos
de la iglesia los nombres de los que contribuyeron a erigirla. Pero considero
que ésta, nuestra comunidad, tiene una deuda no saldada con un hombre que fue
figura señera de este pueblo durante largos años y que guarda el respeto de
toda una generación, que creció a su lado, fue apóstol y mártir de su vocación
de servicio, me he referido al Dr. Idélico Libero Gelpi.
Santiago Rodríguez Melgarejo
(leído en el Cabildo Abierto realizado en
Ituzaingó en 1996)